Cuestionar tu género
No saberlo todavía, que es un sitio legítimo en el que estar.
Cuestionarse describe el hecho de preguntarse activamente por tu género sin haber llegado a una respuesta. No es una sala de espera antes de una identidad de verdad: es un estado que mucha gente ocupa durante años, y algunas indefinidamente.
No hay ningún umbral que cruzar. No necesitas una certeza de toda la vida, ni un recuerdo de la infancia, ni un malestar lo bastante grave como para convencer a una persona desconocida. Preguntártelo en serio basta para que la pregunta sea tuya.
Dos cosas que la gente encuentra útiles: la euforia de género suele ser una señal más clara que la disforia, porque apunta hacia algún sitio en vez de solo alejarse. Y probar un nombre o un pronombre en privado no cuesta nada y es reversible.
También tienes permiso para llegar a un sitio inesperado, incluido el punto de partida. Ese desenlace no es un experimento fallido.